Acotación de riesgo
Estamos ante uno de los problemas más frecuentes de los empresarios, la falta de previsión en la acotación de sus riesgos personales. Es precisamente aquí donde los economistas insistimos en el binomio rentabilidad-riesgo, es decir, cuanto riesgo estamos dispuestos a asumir para obtener qué beneficio.
Imaginemos que dentro de nuestra empresa tenemos que realizar una inversión y que la empresa financiadora nos está solicitando nuestro compromiso personal y el de nuestro cónyuge. Hoy la empresa funciona y aparentemente es una buena financiación, con riesgo bajo y accedemos a prestar nuestro aval. En ese mismo momento estamos poniendo en riesgo toda nuestra vida: vivienda, sueldo, negocio, ... y comprometiendo el futuro de nuestros hijos. Cabe preguntarse si hemos explorado si existen alternativas menos arriesgadas que conduzcan al mismo objetivo, o cómo podemos limitar los riesgos que asumimos. No es lo mismo hacerlo cuando hay una gran solvencia detrás en relación al riesgo que hacerlo cuando la solvencia es muy limitada y las necesidades de acceso a la financiación altas.
Sin ir más lejos muchas familias españolas se han hipotecado, aparentemente un contrato sencillo por donde pasamos la mayoría de españoles. De sencillo no tiene nada, estamos firmando un contrato entre 25 y 35 años de forma habitual, que vamos a acabar de pagarlo cuando estemos cerca de la jubilación. Algo tan dilatado en el tiempo está sujeto a multitud de vicisitudes, podemos perder el trabajo, puede caer el precio de la vivienda y estar pagando un inmueble por encima de su precio, podrían ser tantas cosas que la incertidumbre es muy alta. Ahora bien se estandariza dentro del sector financiero que este tipo de contrato lleve una clausulas suelo no vaya a ser que el hipotecado se favorezca de una evolución negativa de los tipos de interés, se le cruza una permuta financiera o Swap de tipo de interés, un producto de alto riesgo para que la financiadora aunque no baje el tipo también gane y otras aberraciones como la contratación de un seguro de vida y de hogar un 50 % más caro que si lo contrato en la calle para que te den el préstamo, etc. Este contrato en el año 2007 todo el mundo lo firmaba sin protestar porque pensaban que el precio de la vivienda sería creciente, los tipos estables en el entorno del 3,5 % - 4,00 % y qué bueno era mi banco que me ofrecía un producto por el cual si subía el tipo de interés me cubría, pero no hablaban de qué ocurría si bajaba. Todo esto lo metemos en la coctelera, lo agitamos y obtenemos familias arruinadas.
Todos los negocios tienen un ciclo de vida, un momento en el que se crean y otro momento en el que desaparecen. Pocas empresas viven más allá de dos generaciones, es un ciclo de vida natural.
Dentro de esta campo podemos determinar cuál es la mejor alternativa, para obtener la financiación necesaria, poniendo en juego las menores garantías posibles. En este punto se suele pensar que es tarde, porque ya se ha firmado como avalista en diferentes entidades financieras y no van a querer eliminar estas garantías, si es este su caso se puede intentar eliminar algunos avales, quizás no todos en un primer momento, pero el camino se inicia negociando quitar el primero. El mejor momento para lograr esta reducción de riesgo es cuando las cosas van bien, luego se complica todo.